A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las historias de inmigrantes hispanos que murieron en Nueva York siguen formando parte de la memoria de una tragedia que dejó 2,977 víctimas.
Entre ellas había trabajadores que habían llegado a Estados Unidos buscando nuevas oportunidades. Muchos laboraban en Windows on the World, el restaurante ubicado en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte del World Trade Center.
Inmigrantes hispanos trabajaban en las Torres Gemelas
El Memorial y Museo del 11 de Septiembre estima que 67 víctimas eran inmigrantes indocumentados. Además, alrededor de 250 fallecidos eran latinos, cerca del 9% de las personas asesinadas en el World Trade Center, según datos de salud de la ciudad de Nueva York.
Entre las víctimas se contabilizaron 16 mexicanos, aunque solo cinco pudieron ser identificados plenamente: Antonio Javier Álvarez, Leobardo López Pascual, Antonio Meléndez, Martín Morales y Juan Ortega Campos. Los primeros cuatro trabajaban en Windows on the World.
Otros 11 mexicanos nunca fueron encontrados entre los restos.
Historias personales permanecen detrás de las cifras
Nancy Díaz, inmigrante dominicana de 28 años, trabajaba en el restaurante y preparaba un viaje para reencontrarse con su familia en República Dominicana. Murió cuando la Torre Norte colapsó.
También trabajaba allí Víctor Hugo Paz, un colombiano de 43 años que había llegado a Nueva York después de escapar de la violencia en su país. Era chef de repostería.
Sergio Villanueva, argentino y miembro del Departamento de Bomberos, terminaba un turno de 24 horas cuando ocurrieron los ataques. Planeaba reunirse después con su prometida para continuar preparando su boda.
Antonio Montoya, venezolano de 47 años y padre de tres hijos, vivía en Boston. Un problema con su reservación para viajar a Los Ángeles terminó colocándolo en el vuelo 11 de American Airlines, que impactó la Torre Norte.
Sekou Siby, inmigrante indocumentado de Costa de Marfil, sobrevivió porque intercambió su turno en Windows on the World con Moisés Rivas, un ecuatoriano que murió ese día. Después recorrió hospitales buscando a sus compañeros y presenció el temor de familias indocumentadas a acercarse a las autoridades.
Un cuarto de siglo después, los nombres inscritos en el Memorial del 11 de Septiembre conservan también las historias de quienes llegaron desde otros países para construir una vida en Estados Unidos.